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Estudio global vislumbra el futuro de las relaciones públicas

Los altos ejecutivos de relaciones públicas alrededor del mundo ven un futuro halagüeño para la industria en términos de crecimiento económ...

miércoles, 23 de septiembre de 2009

In Memoriam

Puerto Rico ha perdido a tres respetados comunicadores durante el mes de septiembre: Pablo Trinidad, Frank Ramos y José "Pirulo" Hernández. Les dedico esta entrada como un humilde homenaje a sus logros profesionales y cualidades humanas.

El 5 de septiembre falleció Pablo Trinidad, quien fuera periodista de negocios en el semanario Caribbean Business y editor de la sección de negocios del diario El Nuevo Día. Pablo libró una batalla contra el cáncer y murió a la edad de 51 años.

Frank Ramos, quien fue director del diario de The San Juan Star y gerente general de la firma Burson-Marsteller en Puerto Rico, murió el 18 de septiembre a los 72 años de edad. Ramos se había retirado en el 2008 luego de ejercer varios años como consultor independiente.

Finalmente, el profesor José "Pirulo" Hernández, quien por muchos años fue profesor de periodismo en la Escuela de Comunicaciones de la UPR, falleció el 21 de septiembre a la edad de 92 años. Hernández, quien fue el primer periodista puertorriqueño en obtener una maestría en periodismo de Columbia University, fue reportero y redactor de los diarios El Mundo, El Vocero y El Oriental.

Les recordaremos siempre con afecto y admiración.

lunes, 21 de septiembre de 2009

Tres visitas al Sagrado

La semana pasada visité la Universidad del Sagrado Corazón (USC) en tres ocasiones para ofrecer charlas sobre medios sociales ante diferentes grupos. Las visitas estaban programadas para fechas más espaciadas, pero cancelaciones previas por motivos personales hicieron que convergieran todas en una misma semana.

El martes, 15 de septiembre participé en el curso de Relaciones Públicas Avanzadas de la Prof. María Eugenia Madrid y el jueves 17 en la sección del mismo curso que ofrece la colega y presidenta de la Asociación de Relacionistas Profesionales de Puerto Rico (ARPPR), Idia Martínez. En ambos casos ofrecí a los estudiantes una introducción al tema de los medios sociales y su impacto en la práctica de las relaciones públicas.

La tarde del viernes, 18 de septiembre, participé como orador en el Primer Congreso de Estudiantes de Relaciones Públicas. La coordinación del evento estuvo a cargo de un comité presidido por la compañera y profesora Doris Figueroa, e integrado por las profesoras Edaliz Ferrer (USC), Sandra Díaz (UPR), Adeliza Rodríguez (UPR), Vivien Mattei (UIPR) y María Fernanda Calahorrano, de la oficina de relaciones públicas del Sistema Universitario Ana G. Méndez (SUAGM).

Otros colegas que participaron como oradores fueron Vivian Dávila, directora de relaciones públicas de Draft FCB; Annie Bird, presidenta de Bird Communications; Wanda Betancourt, primera vicepresidenta de comunicaciones y mercadeo de Evertec y Yadirka Rosa, directora de relaciones públicas del Hospital del Niño.

En el Congreso ofrecí un taller sobre cómo escuchar las conversaciones que se llevan a cabo a través de los medios sociales, para lo cual se congregaron alrededor de 25 estudiantes en un salón equipado con computadoras. El tiempo que inicialmente pensé que sería demasiado --dos horas-- finalmente resultó corto ante las preguntas y comentarios de los estudiantes.

Entre los temas que abordamos y practicamos en el salón de clases incluimos cómo identificar los blogs más populares en Puerto Rico, cómo hacer búsquedas en blogs y en Twitter y cómo utilizar y suscribirse a un agregador de páginas o RSS. Se quedó en el tintero una sección sobre cómo funcionan los marcadores de páginas en la Web.

En todas las actividades hubo algo en común: el entusiasmo y el interés que mostraron los estudiantes por aprender. La energía de los estudiantes es contagiosa, por lo cual agradezco las invitaciones y la oportunidad de compartir con los futuros relacionistas.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Concluye la Feria de Artesanías de Bacardí

La crisis económica que afecta a Puerto Rico cobró otra víctima. Esta vez le tocó el turno a la Feria de Artesanías Bacardí, la más grande del país, cuya cancelación se anunció el pasado 28 de agosto. Las razones esbozadas por la empresa, según divulgadas en el portal de WAPA-TV, están contenidas en la siguiente declaración oficial:

“Este evento nos ha llenado de orgullo y satisfacción, sin embargo, como el mayor productor de ron del mundo, enfrentamos grandes retos, necesidades y prioridades. Continuamos altamente comprometidos con nuestro pueblo y con la clase artesanal y estamos evaluando opciones para seguir contribuyendo de manera directa, buscando siempre efectividad en nuestra gestión”, afirmó Joaquín Bacardí, Presidente y CEO de Bacardi Corporation. “Agradecemos a todos nuestros socios corporativos y a todos los que han hecho posible el éxito de nuestra Feria Bacardi durante los pasados 33 años”, añadió Bacardí.

La Feria, quizás el evento especial más grande e importante en Puerto Rico, se celebró por los últimos 33 años y reunía a más de 175 artesanos seleccionados por el Instituto de Cultura Puertorriqueña, Promoción Artesanal de la Compañía de Fomento Industrial y la Oficina de Asuntos Culturales de la Compañía de Turismo de Puerto Rico.

En diferentes momentos, dos colegas relacionistas estuvieron al frente de la organización del evento: Lourdes Pérez, APR y María Estela Cestero.

Según una publicación especial de El Nuevo Día sobre la Feria, en su primera edición “participaron artesanos que hoy son maestros del arte popular, reconocidos en y fuera de Puerto Rico. Entre ellos, Don Domingo Orta, patriarca de tallistas de santos; Elpidio Collazo, cuyos pájaros en madera son piezas de colección; don Emilio Rosado, fallecido tallador de gallos, reconocido por el National Endowment for the Arts; don Celestino Avilés, padre de una familia de artesanos, hoy, tallador de santos; entonces, elaborador del corozo; y doña Nelly Rivera, cuyas estampas infantiles en cerámica son muy preciadas.”

Según la misma publicación, “cuatro factores convergieron para impulsar la Feria: el compromiso de la empresa y sus ejecutivos, como Mario Belaval; la creatividad de la agencia publicitaria Leo Burnett; el asesoramiento del Centro de Artes Populares del Instituto de Cultura Puertorriqueña y Aníbal Rodríguez Vera, y la llegada, en 1980, de Manuel Luis del Valle a la presidencia de la empresa.”

La Feria también se convirtió en un importante apoyo para entidades sin fines de lucro. En sus primeros 30 años, el evento logró recaudar y distribuir cerca de tres millones de dólares, a través de la venta de alimentos, la venta de globos y paseos en machinas y sorteos de automóviles.

Para los visitantes, uno de los principales atractivos de la Feria era la presentación gratuita de espectáculos a cargo de talento local e internacional. Por su tarima se presentaron artistas como Danny Rivera, Chucho Avellanet, Awilda Carbia, Rafael José, Andrés Jiménez, Tony Croatto, Carmita Jiménez, Los Chicos, Wilkins, Los Hispanos, Cheo Feliciano, Lucecita Benítez y Yolandita Monge.

También participaron El Gran Combo de Puerto Rico, Andy Montañez e Ismael Miranda, Rubén Blades, Gilberto Santa Rosa, Luis Enrique, Jerry Rivera, Celia Cruz, Lunna, Lisette, Glenn Monroig, Ednita Nazario, Marc Anthony, Manny Manuel, Elvis Crespo, Víctor Manuelle, Olga Tañón, Giselle, Melina León, Domingo Quiñones, Son by Four, La India, entre otros.

De modo que el fin de la Feria asesta un gran golpe para muchos públicos: los artesanos del país que pierden uno de sus principales mercados; los artistas que ven desvanecer otro taller de trabajo; el público que ve acabar un evento que era símbolo del inicio de la temporada navideña en Puerto Rico; y ciertamente, Bacardí, que pierde la columna vertebral de su programa de relaciones con la comunidad.

Foto de Joe Shlabotnik, Flickr.

martes, 1 de septiembre de 2009

Hace 25 años – Parte 2


En un “post”anterior comenté sobre mis inicios en este fascinante campo de las relaciones públicas en la década de 1980. Al recordar aquellos días, es inevitable pensar en cómo ha cambiado desde entonces la forma en que desempeñamos nuestro trabajo gracias, principalmente, a los avances en la tecnología.

Hace 25 años:

  1. Escribíamos nuestros comunicados de prensa en máquina de escribir (o maquinilla, como decimos en Puerto Rico). Si teníamos suerte, teníamos una IBM Selectric con corrector. Si no, corregíamos los errores con una cinta adhesiva blanca o con un líquido blanco que se aplicaba con una brochita.
  2. Si el documento tenía muchos cambios, recurríamos a cortar y pegar. No me refiero al comando de la computadora, sino a su sentido literal: agarrar una tijera, cortar el documento que habíamos escrito, reordenar los párrafos sobre el escritorio y volverlos a pegar con cinta adhesiva. Después de esta cirugía había que pasarlo de nuevo.
  3. La computadora más avanzada que había en la oficina era el procesador de palabras de la secretaria. Ella pasaba en limpio los documentos que nosotros escribíamos a maquinilla y los guardaba en discos blandos (“floppy disks”).
  4. Las propuestas de relaciones públicas se desarrollaban con textos explicativos largos, pues no existía el “PowerPoint”.
  5. El día de la presentación al cliente, utilizábamos proyectores verticales (“overhead projectors”) con micas transparentes. Contrario a las computadoras, el proyector no se trancaba. Eso sí: había que tener una bombilla adicional por si acaso.
  6. Muchos relacionistas hacían rondas de visitas por los periódicos para repartir sus comunicados de prensa y conversar con los periodistas. La otra opción era distribuirlos por mensajero, especialmente si el comunicado iba acompañado de fotos que no se podían enviar electrónicamente.
  7. Las presentaciones multimedios para conmemorar aniversarios corporativos o para convenciones se hacían con diapositivas. Si había mucho presupuesto, se programaba con varios proyectores para que tuviera movimiento. El día de la presentación había que contratar a la compañía de producción para que la corriera.
  8. El fotógrafo que cubría nuestras actividades nos enviaba una hoja de contacto para seleccionar las mejores fotos. Teníamos que verlas cuidadosamente con una lupa, marcarlas con lápiz de cera y pedirlas rápido para tenerlas al otro día.
  9. Los calces de la foto se escribían en una etiqueta que se pegaba al dorso de la foto o al pie de una hoja tamaño carta, sobre la cual se pegaba la foto.
  10. Si encontrábamos un error tipográfico en la prueba de un anuncio, publicación o folleto, había que pedirle al tipógrafo que cortara y pegara (ver el punto 2) o que lo imprimiera de nuevo. Si la máquina de tipografía estaba en la agencia, podíamos tener el texto corregido en media hora o 45 minutos. Si estaba en la imprenta, podría ser que lo tuviéramos al otro día.
  11. Ante la ausencia de Google y la Internet, hacer investigación para una propuesta significaba meterse en los archivos de El Mundo o El Nuevo Día, en la biblioteca Lázaro de la Universidad de Puerto Rico o en los archivos de recortes de periódicos de la firma.
  12. Llevábamos cuenta de la inversión de horas en un cliente mediante “time sheets”. Al final del mes, la persona encargada de la contabilidad clasificaba las hojas por cliente, las fotocopiaba y las incluía en la factura del como comprobantes del tiempo invertido.
  13. Después de las seis o en los fines de semana, no había forma de que nos consiguieran. No había celulares, ni Blackberry.
¿Qué recuerdas tú?